lunes, 9 de enero de 2017

LA INFANCIA ABANDONADA EN ESPAÑA


           LA INFANCIA ABANDONADA EN ESPAÑA (SIGLOS XVI-XX)
                        

      Discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia

       (8 de mayo de 2005)




Voy a hablar de un tema Que ha atraído la atención no solo de los
historiadores de la población, sino también de otros colegas interesados por
la historia social: el de la infancia abandonada, los niños expósitos y, hasta
cierto punto iambién, del rechazo en general de la infancia por la sociedad
o por su mismo entorno familiar. Es uno de los grandes capítulos de la
historia de la marginación, porque trata de uno de los grandes grupos de
marginados sociales, los niños, y de estos niños en concreto. Trataré de
mostrar Que no se trata, sin ~ embargo, de un tema marginal, es decir,
anecdótico, sino todo lo contrario.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII se asiste a una serie de
iniciativas en favor de la infancia desvalida. Algunas de ellas caen dentro de
la nueva política hospitalaria o de las actuaciones privadas de algunos
prelados. Y con la aplicación de parte de los beneficios eclesiásticos a la
dotación de "... hospicios, casas de caridad o de misericordia, de huérfanos
y de expósitos", se da un paso decisivo en la secularización progresiva de
la beneficencia y en la sustitución del protagonismo del clero por la acción
social del Estado.


Con la colaboración de las autoridades eclesiásticas, los gobiernos
de Fernando VI y de Carlos III emprendieron un programa de construcción
de grandes hospicios -esos centros Que acertadamente han sido definidos
como Una mezcla de "institución penal,. asilo, taller y hospital"-, destinados
al recogimiento de ociosos, mendigos y huérfanos de la forma Que ya
habían propuesto los tratadistas del siglo XVI (Juan Luis Vives o Cristóbal
Pérez de Herrera), para intentar su reeducación laboral y social. A
mediados del siglo XVIII, con el apoyo decidido del Marques. de La
Ensenada, se erigen varios de esos hospicios genera|es, como el de
Oviedo en 1752, el de Granada en 1753, y luego el ,de.Badajoz en 1757. En
los años 60 y 70 se fundan los de Madrid, Barcelona, Avila y Burgos. Casas
de Misericordia o instituciones de concepción similar fueron surgiendo en
esta época por muchas otras ciudades del país.


La mayor parte de estos centros asumieron el papel de inclusas o
contaron con dependencias para la acogida de Los niños abandonados. Se
abrieron por entonces nuevas casas de expósios en Orihuela, Santander,
y poco despues en Alicante y Mondonado. A finales de los años 80 se
advierte un reforzamlento de esta preocupación. En poco tiempo se
suceden las directrices aI respecto expresadas por Floridablanca en 1787
en su Instrucción Reservada a la Junta Suprema de Estado, la publicación
en 1789 de la famosa obra de Antonio Bilvao (Dastrucción y consarvación
de expósitos), y la representación del mismo al Consejo eI año siguiente,
qua dio origen a la magna Encuesta dirigida por éste organismo a todos los
prelados dal relno con Carla Circular de 6 de marzo da 1790.

En tiempos de Carlos IV y de Godoy, se constata la colaboración
directa del gobierno en la creación de nuevos establecimientos. Se
inauguran los de Huesca, Jaca, Coria y Calahorra; y se comienzan a
construir o se remodelar otros muchos. Unas 70 6 75 inclusas se pueden
contabilizar al menos, a finales del sigio Xviii, en todo el reino, a las qua se
deben añadir otras abiertas en los primeros años del Ochocientos.

De donde procede este nuevo interés por eI niño, y en particular
por la conservación o salvación del expósito? Hay qua citar en primer lugar
la influencia de las doctrinas de John Locke, y su insistencia en la
parfectibilidad humana a través de la educación, qua hasta en la raíz misma
de todo el pensamiento Ilustrado. Es probable, por otro !ado, que la
normalización del registro de la mortalidad infantil y parvularia, a lo largo del
siglo XVIII, hiciera cada vez más patente a las autoridades religiosas
el
elevado número de niños muertos sin bautismo, o solo con "agua de
socorro"; y que ayudara a extendar la preocupación por la infancia en
general y por la gran proporción de nacidos que no superaban los primeros
años de Vida.

En la política asistencial de los gobiernos ilustrados, el objetivo que
predomina en Sus iniciativas es eI de regeneración y rainserción social.
Cuando Isidoro Gil de Jaz redacta, en 1752, las Ordananzas del Rea!
Hospital de Oviedo, se propone "sacar oro acendrado" de esa población
marginal, "escorias de la república" a las que es preciso "evangelizar" y
discipllnar "para que en la sociedad pública no defrauden
el afán y sudor de
!os oficiosos`. Y tratando del "recogimiento de los Niños expósitos",
recomienda el mayor cuidado en esta importante obra de piedad, para que
"estos inocentes desgraciados no perezcan al rigor de Una axposición
inclemente ..., vivan segun las reglas del Evangelio, y se hagan fructuosos,
y utiles a la Patria".

También el ideario ilustrado y regalista de muchos obispos
reformadores impulsó sus actuaciones en favor de los expósitos: como las
de Tavira y AlmazSn en El Burgo de Osma Las Palmas y Salamanca; o las
de Jorge y Galban (cuyas iniciativas, en Zamora y luego en Granada,
estaban emprendidas, según sus mismas palabras, "...en mayor honra, y
gloria de Dios, bien público, alivio de los Vecinos, aumento del Estado y
conservación de esta Población, la mas miserable y por eso la mas útil y
digna"). En todo caso, a medida Que nos acercamos a finales del siglo XVIII ,
cada vez son menos frecuentes estas alusiones a lo que algunos han
calificado como el "mercantilismo cristiano" de la época. Pues cada vez con
mas claridad, los Que prevalecen son los objetivos filantrópicos de la salud
y la supervivencia del niño, aunque nunca deje de citarse el beneficio
político y económico que se espera de esos futuros ciudadanos,
subrayando así el utilitarismo de la acción benéfica con fines sobre todo
poblacionistas.

Es discutible si debe situarse por esas fechas de la segunda mitad
del siglo XVIII, o ya en el siglo XVII, como quería Philippe Aries, el
"descubrimiento de la infancia" Pero si parece acertado situar por entonces
el descubrimiento del expósito. El horrible espectaculo del rechazo
indoJanie de muchas criaturas, el conocimiento de la eliminación de otras
mediante prácticas, aún muy comunes, de infanticidio, y las noticias cada
vez mas frecuentes sobre el mal funcionamiento de las antiguas inclusas,
se convirtieron en estímulos directos del impulso filantrópico y asistencial.
La persistencia del infanticidio, en pleno siglo XVIII, es visible en el
abandono callejero en muchas ciudades españolas, donde aún era
frecuente encontrar niños abandonados en los umbrales, escaleras y
zaguanes de las casas, en los pórticos de Jas iglesias, en los soportaJes de
las plazas, "y hasta en la basura que alfombraba sus tortuosas callejuelas".
Nos han llegado abundantes testimonios al respecto: las denuncias sobre
el infanticidio realizadas por Antonio Jorge y Galban en Zamora; "los
muchos documentos que -según los administradores del Hospital Real de
Santiago- prueban los infanticidios que se cornetían" en toda Galicia; o la
abundancia de pequeños cadaveres que, como en Granada en 1788, "se
encontraban frecuentemente , en los campos, darros, pozos, rios y
acequias" de la ciuded. Todo ello sirvió, sin duda, para alertar sobre los
riesgos de la Vida de los recién nacidos, y para multiplicar la fundación de
centros encargados del recogimiento de los que eran abandonados con
Vida. Algo mas tarde, las virulentas críticas de Antonio Bilvao a la
administración y funcionamiento de las inclusas, conducen a la encuesta
dirigida a los obispos en marzo de 1790, cuyas respuestas darían un 
impulso evidente a la legislación de Godoy en 1794 y 1796, que
despenaliza el abandono en el torno, y trata de aliviar la condición jurídica
y social del expósito.

La institución del torno, central en la historia de la exposición en los
paises del sur de Europa, Se generalizó en Francia con el decreto
napoleónico de enero de 1811 , "con la loable intención de evitar el aborto y
el infanticidio". Bastante antes en Portugal, donde el torno, o la rode, estaba
aún más extendido quo en España, Se habían adoptado medidas para
poner Iambién freno al infanticidio: la circular de Diogo Inacio de Pine
Manique de Mayo de 1783 tenía como objetivo evitar la muerte de muchas
criaturas "que podían ser
seres al Estado, y gloria para la Nación".

Sobre los dos grandes pilares de la asistencia social, el tradicional
del clero y el de la nueva filantropía ilustrada, Se fue levantando en las
ultimos decenios del síglo XVIII Una notable infraestructura destinada al
amparo de la infancia abandonada. Surge ademas una nueva concepción
de la beneficencia, ofrecida en el caso de los expósitos a todo el que quiera
hacer uso del sistema de abandono anónimo e indiscriminado. Sectores
populares de la sociedad española, cada vez mas amplios, respondieron
muy pronto a dicha oferta. Hasta mediados del siglo XVIII, el número de
expósitos no había avanzado mucho. Pero, a partir de entonces, las curvas
de ingresos conocen en casi todos las establecimientos
un crecimiento
continuo, que se acelera a finales de la centuria y situa las cifras de
mediados del siglo XIX en los niveles mas altos nunca alcanzados, en
España y en otros paises. Se inicia asi ese "largo" siglo de los expósitos, de
med(ados def Setecfentos a la segunda mftad del siglo siguiente: como han
dicho los estudiosos, "el periodo mas extraordinario en la historia de la
infancia abandonada".

La oferta institucional de establecimientos en auxilio de esos niños
provocó un aumento aún mayor en su demanda, amparada por la garantía
del anonimato. El formidable crecimiento de los expósitos habría sido la
respuesta provocada por la creación de nuevos hospicios e inclusas,
establecfimientos creados por el Estado en medio de una amplia
propaganda a favor de la infancia desprotegida. Algunas voces autorizadas
mostraron ya entonces su escepticismo ante la posibildad de una solución
real de estos problemas con el solo aumento de la oferta caritativa o
`asistencial. El lapidario juicio de Gaberr0s sobre los efectos de la dotación
institucional de beneficencia podemos aplicarlo aI pie de la letra al caso
concreto del crecimfento de la exposición de niños en la época:
 "Veremos los pobres crecen siempre en proporción de las fundaciones hechas 
para socorrerlos".

La oleada de niños abandonados que empezaron a inundar las
antiguas y las nuevas cases de expósitos era una demostración de los
presagios de Caberr0s: la tendencia hacia una saturación de la demanda
asistencial, cuando la oferta pública de este tipo de ayudas a la infancia se
anunciaba sin precio alguno para los agentes del abandono, y quedaba
confirmada por la proliferación de nuevos centros, y por las manifestaciones
grandilocuentes del gobierno, Que hacía de los acogidos "niños adoptivos
de la patria" (como recordarfa Godoy), y les abria para su salvación y
educación "la case de Dios y del Rey". ("Es dicho común de estas gentes
-las _casadas pobres, decía el famoso medico de la Corte, Ruiz de
Luzuriaga, en 1817-, Que traen Sus hijos a la casa de Dios, y del Rey, por
no variar penar, y morir en sus casas"). El número de expósitos creció a
partir de entonces debido sobre todo a la entrada en las inclusas de hijos
legftimos de padres pobres, cada vez en mayores proporciones~

Los motivos basicos del abandono fueron siempre dos: el temor a la
deshonra, en el caso de los nacidos ilegitimos, o la miseria que impedía a
sus padres criarlos. Los expósitos eran "hijos de la pobreza y de la
verguenza", y en no pocas ocasiones, de ambas situaciones a la vez. En
cualquier caso, la infamia, el vicio o la deshonra pudieron ser factores
dominantes en los primeros tiempos de la historia moderna del abandono,
\os siglos XVI y XVII, cuando sa habla de los expósitos como "hijos de la
escoria y hez de la república", como hace con crueldad Fernandez
Navarrete en 1626. Las inclusas y establecimientos similares hablan nacido
para recoger a. estos ilegftimos, pues eran los que en principio corrían
mayor riesgo de rechazo y eliminación violenta.

Sin embargo, a finales del siglo XVIII se advierte un consenso
general respecto a la aceptación en las inclusas de los huérfanos y los hijos
de madras indigentes o imposibilitadas para criarlos. Lorenzo HervSs
recomendaba la admislón en alias de "hijos de pobres casados", lo mismo
qua haran algunos prelados en 1790; y según admite el Real Decreto de
1794. El ingreso cada vez mayor de "legftimos de padres pobres" en las
inclusas se explica simplemente porque cada vez hay más "pobres".
Slempre se puede observar la alta correspondencia entre las grandes
carestías y el incremento de expósitos abandonados en una misma fecha;
pero a finales del Sig\o XVIII y en el siglo XIX, la masificación del
pauperismo probablemente no requería ya una elevación coyuntural de los
precios para agudizar la propensión de mucheas familias al abandono de sus
hijos. Pues el siglo XVIII, con todo el esplendor de las Luces, fue, en su
segunda mitad al menos, "el siglo del hambre" por antonomasia (segun
Massimo Montanari, el mayor especialista actual en la historia de la
alimentación); un siglo también en este aspecto muy "largo", Que extendió
la pobreza de amplios sectores de la sociedad europea, en el transcurso de
los procesos de urbanización e industrialización, por buena parte de la
centuria siguiente.

Es posible Que el ascendente curso de la exposición, a partir de los
últimos decenios del siglo XVIII, se explique también por un desvio de
casos anteriores de infanticidio hacia esta otra forma de rechazo de la
infancia Que es la exposición, el abandono institucional. Muchas de las
criaturas arrojadas en plena calle o en despoblado eran "encontradas" por
casualidad: Bran los "enfants trouves" o fos trovatelli, como se les Ilamaba
en Francia o en Italia. Algunos de los ingresados en la inclusa de 0beda a
finales del siglo XVII habían sido encontrados "en la bereda Que sale del
despehadero al campo", "en un barranco }unto a San Antonio", o "en la
fuente del Alpistón". Se siguen hallando, todavía en la segunda mitad del
siglo XVIII, niños depositados en lugares como aquellos y en insólitos
envoltorios: "en el pie de una higuera"; "en un pesebre", "en un corral del
Exido", o "en un estercolero". En junio de 1786 Se encontró a Juan, Que
"estaba dentro de un sombrero, en la ermita de San Lázaro"; posiblemente
uno de los casos, muy frecuentes, de parto prematuro, como el de esa niña
Que es abandonada en Oviedo en 1777 "envuelta en Una hoja de
calendario". Niños vinos, en principio viables, Que al menos fueron
bautizados, como Marla Josefa Gonzalez, Que fue echada al torno de la
inclusa de Madrid en 1807, "envuelta en Una servilleta y en un pedazo de
mantilla encarnada".

Muchos de esos abandonos se sitúan mas cerca del infanticidio Que
del abandono institucional -'en el tomo o mediante la entrega directa a los
responsables de la inclusa. El abandono callejero o en despoblado, locis
publicis o, como dicen los autores italianos, all'aperto, poco tiene que ver
con la exposición propiamente dicha. Quienes ocultaban aI rec!én nacido
"en pajares, nichos, hazes cubiertas de rastrojo, muladares, fuentes, o lo
arrojaban en medio de una calle a horas intempestivas", no tenían intención
alguna de Que el niño sobreviviese, sino todo lo contrario, como se ha
recordado en otras ocasiones. El torno y la inclusa constituyen Una forma
monos cruel de rechazo de la infancia indeseada, "una alternativa al
infanticidio o a la muerte diferida", pero Casi segura, en aquellos casos
anteriores de abandono salvaje de las criaturas.



"No es asimilable, por tanto, la exposici6n con otras formas de infanticidio
directo o encubierto, por mas Que los detractores de las inclusas, o algunos
historiadores actuales, fas identifiquen como instituciones gestoras de un
infanticidio masivo. No eran tan raros los exp6sitos Que lograban pasar at
orfanato o al hospicio at cumplir los siete ahos. Por t6 rmino medio, y en los
0ltimos decenios del siglo Xviii, sobrevivfan a esa edad al monos Una
cuarta parte, si bien es cierto Que en algunas inctusas, entonces y en la
primera mitad del siglo XIX, se alcanzaron porcentajes de mortal|dad de
mas del 80 y del 90 por 100 del total de ingresados, en algOn caso con
probabilidades de sobrevivencia practicamente nulas Mable, pues, pocas
esperanzas de salver al exp6sito, pero bastantes mas Que las Que le ofrecfa
el abandono en un paraje despoblado. Esa era la gran diferencia entre el
abandono institucional y otras formas enter|ores de rechazo de la infancia.
En los nuevos centros de acogida los progenitores podfan descargar su
responsabilidad paterna y Sus remordimientos; y muchos de eUos, los de
condici6n mSs humilde, podfan pensar con cierto fundamento Que la inclusa
era un destino para Sus hijos preferible ai de su mismo hogar, en los duros
tiempos de pauperismo galopante Que vivi6 Europa a partir de finales del
siglo XVIII.

Hoy nadie pone en dude el formidable incremento de la exposici6n
de nacidos legftimos Que se registra desde entones, detectable, entre otros
signos, en los miserables harapos, "pingajos viejos" con Que son
encontrados Una importante parte de los exp6sitos, los Que no se hallan del
todo desnudos, o "en cames", como dicen los documentos. Pero ya venfa
siendo as! anteriormente, y la misma edad del exp6sifo delataba su filiaci6n
legltima, cuando era abandonado `con meses, o a6Os de edad incluso. La
escueta informaci6n de cada partida de ingreso nos aclara iambi6n Que es
la simple pobreza la Que impulse a muchos padres al abandono. En
Salamanca, /os padres de Juan P6rez, que Data a punto de cumplir
un aho
de edad, declaran Que es "hijo de dos pobres honrados" y le dejan en la
inclusa en Julio de 1709 con esta s0plica: "daranle de comer, porque no ha
comido". Y en diciembre de 1712 el papal Que acompaha al pequej=io
Nicolas es toda Una declaraci6n de motivos: "La miseria es Quien me trae
aquf, porque con ella nacf y con ella me engendr6".

La extrema ' indigencia, agravada tal vez por algOn Qtro drama
familiar, debe de explicar et abandono de nios atgo mayores, como es el
caso de Benito Casado, iambien salmantino, Que ya tenfa cerca de ires
ahos cuando lo abandonaron, aI pie de la catedral. Se nos dice Que fue


encontrado aIIf mismo, pues tenfa "atados fos pies"; como un Edipo de los
tiempos modernos, expuesto y mutilado en un nuevo Citer6n por su Layo, y
tal vez iambi6n por Yocasta... La autora de esta pesquisa por los rondos de
la inclusa salmantina hace sin embargo otro comentario, nada erudito, mas
obvio, pero no monos dramatico: "sin duda -dice- rue expuesto asf para
Que no escapara tras de Sus padres".

Dentro de la inclusa, la situaci6n del niho no era monos dramatica,
ni su lactancia estaba siempre asegurada Casi ningOn establecimiento
pudo disponer de mas de un ama interns por cads ires, cuatro -a veces
hasta coho 6 diez nihos-. S6fo Si safian pronto de affi, confiados a una
nodriza externa, ten(an a\guna posibilidad de supervivencfa. Y los Que
habfan ingresado en mal estado ffsico, o con sfntomas evidentes de
contagio sifilftico, eran directamente destinados a las Salas de "no
conservabfes", por lo Que, salvo un verdadero mifagro, tardaban poco
en
morir. Por eso la mortalidad de los inc\useros dentro del establecimiento era
en muchos casos -o cast siempre- del 100 por 100. Y por eso era com0n
Que las incfusas contaran con afg0n sistema de factancia animal
complementaria, dfsponiendo de afg0n pequeho ndmero de an(males
-cadres, y a veces iambi6n burras-, ante la escasez de amas internas y por
la necesidad de lactar de esta forma a los sospechosos de contagio.

Aunque esta afimentacf6n animal se comprobara dahfna, o de
resuftados poco Babies, se reservaba para esos desdfchados Que estaban
condenados a morir. En alg0n caso, parece Que se decidi6 no aplicar
ningOn tipo de atenci6n a estos seres inviables, tratando de acortar su
existencia (y de peso los gastos del establecimiento) por procedimientos de
exterminio mas o monos rapido. Hay bastantes pruebas de Que dejaban a
los nihos sifilfticos, en los primeros decenios del siglo XVIII, en el Hospital
Real de Santiago de Compostefa enc\ma de fa estifa, "... Que es encima de
Una tabla haste Que acaben con la Vida... crueldad inaudita, sun en Berra de
b8rbaros, Que se practicaba en este Hospital...", haste Que en 1736 los
administradores decidieron asignar at .establecimiento "unas cabras, las Que
Sean menester", con el fin de no dejar morir a "fos nihos que adolecen de
Morbo Galico", y Que antes morfan "inhumanamente en la Estffa... para que,
aunque mueran por la enfermedad, no sea por falta de alimentos, como se
ha noticiado".


Este era el cruel escenario Que !as inclusas reservaban a la infancia
abandonada, agravado en los siglos XVIII y XIX p6r la veloz escalada de la
exposici6n, a la Que las reformas liberates y 105 planteamientos de una
nueva beneficencia publica no supieron poner freno ni dar respuesta
adecuada. El moderno sistema de abandono institucional se sald6 con un
profundo fracaso, cuyas dimensiones tuvieron su origen, como ha dicho
Volker Hunecke, en "un colosal error de cSlculo de los reformadores y
filantropos, Que evidentemente no Ilegaron a imaginar la magnitud de la
miser\a, entre madres solteras, y en muchas families cargadas de hijos".
Esto es, Que no alcanzaron a prever Que una de sus consecuencias, en esa
"Oltima fase del pauperismo de mesas de la 6poca proto-industrial, iba a
ser la de llevar a morir a la inclusa a millones de red6n nacidos".

6A cu8ntos exactamente? 60 a cu8mos aproximadamente? Ya se
Que las cifras no son quiz8s el dato mSs relevante; pues la sola existencia
de unos cientos o unos miles de historias como las Que nos sugiere cada
caso conoc\do bastaria para dar relieve h\st6r\co al problema. Pero la
aproximaci6n cuantitativa aI fen6meno es importante, aunque s6lo sea por
apreciar su dimensi6n social, y su persistencia y evoluci6n en el tiempo.

SegOn el mismo Hunecke, puede aceptarse Que en .fechas pr6ximas
a 1850 unos 100.000 nihOs, "o tal vez algunos mas", eran abandonados
anualmente en las incfusas europeas. En Espaha no faltan referencias
oficiales para esas fechas del siglo XIX, y para otras anteriores, ademas de
los cSlculos de autores contemporSneos "-Bilvao, Trespalacios, .Megino...
Pero conocemos sobre todo las cifras de exp6sitos ingresados en muchas
inclusas, durante extensos per\odos o durante toda su historia. Asf, por
ejemplo, sabemos Que, en Valladolid, la Cofradfa de San Jos6 recogi6 en
los siglos XVII y XVIII a unos 25.000 nihOs. En la Casa-Cuna de Granada
entraron, s6lo en el siglo XVIII, 26.210 criaturas. Los nii=ios ingresados en la
Casa de Exp6sitos de Sevilla entre comienzos del siglo XVII y primeros
al;\os del XX superan los / 20.000. En la Inclusa madrileha, desde finales del
siglo XVI hasta Casi finales del XX, se contabilizan unos 340.000 exp6sitos.
Conocemos, en este .caso, los hombres de los primeros nihos madrilehos
atendidos por la Cofradfa de la Soledad y las Angustias desde 1576:
Francisco Ventura, Mariquilla de la Soledad, Gasparico, Anica de los
8osques -Que era "negrilla"-, y Esteban, Que fue el primer anotado en el
registro sistematico, en enero de 1578. Como conocemos los Casi 73.000
Que fueron depositados en Madrid en el siglo XX (el ultimo, una niha, el 23
de diciembre 1982 -tendra hoy, tat vez, 22 ahos-..~ y su nombre no se 
puede decir, porque ampara su privacidad el secreto del archivo).
Solamente el c6mputo de las cifras oficiales Que se conocen para largos
periodos en cinco de \as mayores inc\usas de\ pais -Madrid, Barcelona,
Santiago, SeviUa y Valencia- nos conduce a una suma de un mlll6n largo
de ni6os acogidos en ellas a lo largo de su historia.

S6\o en e\ siglo XIX, en \as 149 inc\usas registradas oficia\mente por
entonces, e\ volumen acumulado del abandono pudo a\canzar Los 2
m\\\ones de exp6sitos. En el s\g\o XX se debe sumar otro mi\\6n mas. El
abandono sigui6 siendo muy intenso en
e\ primer tercio del siglo, y de
nuevo, por otro fipo de circunstancias, tras la Guerra Civil. Todavia a
comienzos de Los af\os 1970, de acuerdo con las consultas efectuadas
entonces por don Manuel FernSndez A\varez, la cifra annal de nii::ios
depositados en Los estab\ecimientos receptores de toda Espa6a segufa
siendo de unos 11.000.

Durante Los casi cuatro siglos Que van de finales del siglo XVI a la
segunda mltad del XX, que no es ni mucho menos el periodo completo del
abandono moderno y contemporSneo, el numero acumulado de exp6sitos
que se condujeron a las inclusas espai;lolas, y fueron inscritos en ellas,
alcanza Una cifra algo superior a Los
cinco mil(ones de nlhos.

Esta estimaci6n no se refiere mas que at nOmero de exp6sitos
conocidos que entran y se registran en las inclusas del pals. Par supuesto,
no tiene en cuenta las cifras Que pudieron a\canzar otras modalidades de
eliminaci6n de la infancia o de Infanticidio propiamente dicho. Y tampoco
tiene en cuenta la mortal|dad acaecida desde el \ugar del abandono del
nlho hasta su \legada at torno y su registro en la instituci6n, la "mortal(dad
en transifo", que, seg0n todas las manifestaciones y denuncias de la epoca
era e\evadfsima (se nos dice que morfan "la mayor parte", Que "nueve de
cada diez morfan en el camino", o Incluso Que "han perecido todos", tras
sufrir e\ castigo de estos crue\es itinerar\os). Adoptando \os supuestos mas
moderados, podemos asegurar que at menos hay que sumar un mlll6n mSs
de vfcffmas de esas penosas `".conducciones"; lo Que elevarfa la cifra total
de exp6sitos, en \os cuatro, o cuatro siglos y medio Oltimos de nuestra
historia, a mas de seis mi\tones de n\Sos abando.nados

Se puede especu\ar sobre cifras mucho m8s abu\tadas, que tengan
en cuenta \a destrucci6n total de \a infancia, o que acepten un nomero
mayor aon de \os que fueron expuestos pero no Ilegaron con Vida a las
inc\usas. Pero hemos de limitarnos a datos oficiales o mas seguros, a esos
uno por uno, como han hecho los investigadores en los centros que han
conservado Sus archivos. Respecto aI total de nihos rechazados o
expuestos, es imposible, evidentemente, inclinarse por Una cifra u otra. No
es necesario tampoco hacerlo. Bastarfa recordar las palabras de un buen
conocedor del tema y de la socfedad espahOla de los tiempos modernos,
flustre mfembro de esta corporacf6n, don Antonio Dominguez Ortiz, que
dej6 escrlto lo slgulente a prop6slto del abandono y la ellminacl6n de nihos
en nuestro pasado: "las cifras conocidas asustan; las ignoradas, aunque
presentidas, horrorizan".

No debe parecernos lejana, sino todo \o contrarfo, esta historia de
los exp6sitos espa6oles. Y no s6lo porque los t)ltimos son de tiempos muy
recientes, y aOn viven entre nosotros. Sino porque estamos rodeados
permanentemente del recuerdo de los mas antiguos. Aqui, a poco mas de
Glen metros de donde nos encontramos, en la manzana de la Catie de
Atocha que hoy ocupa la Sociedad Cervantina, se encontraba -hasta
1851- el Colegio de los Nihos Desamparados, que albergaba a los
hospicianos cuando dejaban de depender, a los stets ahos, de la Inclusa.
Todavfa la calleja lateral Ileva su nombre: "Costanilla de los
Desamparados". Se habia construido ese hospicio en 1610, por la
Congregaci6n del Amor de Dios, fundada a finales del sfglo XVI, y cuyo
nombre -del Amor de Dios- Ileva la calle paralela, por la que Vds. han
entrado hoy a la Academia.

Pero la presencia de los incluseros espaholes, de los hordes y borts
catalanes y valencianos, los echadillos andaluces, los pilos y pilongos
extremef=fos, esta tambi6n viva en los apellidos de miles de conciudadanos
nuestros, de esas regiones y de otras, entre cuyos ancestros figura, mSs o
monos iejano, uno de esos escasos nihos abandonados que lograron
sobrevivir a la secuela de dificultades de las inclusas de otros tiempos:
muchos de los "Gohis" navarros, los "Gracia" o "de Gracia" zaragozanos,
ios "San Jos6" de Valladolid, los "Antolin" palentinos..., los "Exp6sito" de
todas partes. Y tambien muchos de aquellos cuyo ape|lido revela hoy el
lugar donde fue encontrado un antepasado suyo: de la Calls, de la Iglesia,
del Corral, de las Heras, de la Fuente, del Bosque, del Pozo, del Prado, del
Rio...
No es lejana en el tiempo, pues, ni extraha a nuestra cultura
occidental, esta oscura y prolongada historia del abandono de fa infancia.
Por el contrario, ha quedado mitfficada como impronta basics de nuestras
civilizaciones, tal vez como rasgo general de la primitiva condici6n humans,
doloroso y vergonzante, Que luego se ha tratado de superar, o de olvidar.
Porque en el origen de las culturas mediterrSneas figuran Casi siempre los
heroes fundacionales, muchos de ellos con un primer signo comun en Sus
biograffas: el tebano Edipo en la Gracia mitol6gica -comel mismo Zeus,
alimentado por la cabra Amaltea-, Sarg6n el Antiguo en Asiria, R6mulo y
Remo en el origen del Lacio; y por supuesto Mois6s, el arrojado y
encontrado en las aguas del Gran Rfo. Todos ellos exp6sitos Por que?

Como Si el esplendor, la fortaleza y la longevidad de Una civilizaci6n
hubieran sido mayores cuanto mayor y mSs evidente hubiera sido su
pecado originaL.., o mas heroics la superaci6n de un gran reto de parade,
de Una dificultad aparentemente insuperable.

La historia de la infancia abandonada suscit6 siempre meditaciones
serias y diffciles como esas, juicios amargos y pesimistas sobre la sociedad
que toler6 durante tanto tiempo semejante "Herodiada". Como decfan los
informadores def Hospital de Gracia de Zaragoza en 1790: "ICU&ntas
reflexiones tristes se podrfan hacer sobre estoflque vivas, y qu6 fuertes!".

Sin embargo, nadfe o Casi nadie Se ha detenido a examinar la otra
cara de la historia: fas consecuencias positivas que pudo extraer Una
sociedad, bien Que a largo plazo, de Una experiencia colectiva tan
destructfva y dolorosa. Aunque la ifnmensa mayoria de los exp6sitos no
pudo beneficiarse de ellas, no es de menor importancia su contribuci6n
pasiva a las mejoras que otros nihos, o la generaOdad de la infancia,
recibieron posteriormente, y Que en buena medida eran el fruto de la
experiencia acumulada y de los errores cometidos durante tanto tiempo en
las incJusas.


De todas esas consecuencias, la mas anecd6tica es, tal vez, la
huella material que nos ha quedado de aquellos establecimientos
destinados durante siglos a albergue de los exp6sitos. Algunos de egos
impresionantes, que compartieron esa con otras funciones asistenciales,
como el Hospital de la Santa Creu de Barcelona, el de los Reyes Cat6licos
de Santiago de Compostela, o el Hospital Real que los mismos fundadores
habian hecho levantar en Granada en 1501, Estos, y otros como estos,
figuran entre las obras cimeras de la arquitectura espai=iola de todos los
tiempos, como es el caso iambien de\ Hospital de Santa Cruz de Toledo,
trazado -como los dos anteriores o parte de los mismos- por Enrique Egas.
Todos etlos son fabr\cas de Bran envergadura y bel\eza, qUe poco tienen
que envidiar en este sentido aI magnffico modelo de asilo de exp6sitos que
Brunelleschi habla constru\do en el Ospeda\e deglf \nnocenti de Florencia.
Otros edificios, mas tardfos, son comparabfes a los anteriores en Sus
proporc\ones y valor artist\co, como el Rea\ Hospicio que Isidoro Git de Jaz
hizo construir en Oviedo en 1752; figuran como obras insignes de la
arqu\tectura hosp\ta\aria, de gran empaque en e\ paisaje Urbano de
pequeRas ciudades, como el Hospital de San Agustfn, de El Burgo de
Osma, o el de San Sebastian, en Badajoz; o aheden una pieza mas aI rico
patrimonio monumental de otras, como la Cass-Hospicio de Nihos
Exp6sitos de Sa\amanca, construida por Joaqufn Benito de Churriguera en
1720 y que hoy alberga -de momento aI menos... - el Archivo Hist6rico de
la Guerra Civil. Pero no conviene insistir en las cua\idades externas de estos
famosos hospitales de exp6sitos, ni en el despilfarro que a veces se hizo en
grandes instalaciones materiales, cuando tan precario y urgente era otro
tipo de inversiones para la crianza de los inquilinos de esos edificios.

Por encima de eso, la prolongada y dolorosa historia de las inclusas
contribuy6, andando el tiempo, a mejorar la suerte de muchos nihos y de
Sus madres. Las deficiencies y abusos de la Iegislaci6n -ambigua en el
terns de la investigaci6n de la paternidad y en exceso tolerante con las
'atribuciones de la patria potestad- suscitaron un movimiento de reforma
quo impuls6 el nacimiento de modemas leyes de protecci6n de la infancia
(empezando por la "ley Tolosa" de 1904), y de Una copiosa normative sobre
la tutela de menores. En la administraci6n de las inclusas y el cuidado de
los exp6sitos volcaron su vocaci6n filantr6pica unas mujeres, las Juntas de
Dames: "primeras reporteras de la miseria", portavoces "de los excluidos,
de los Minos y de las otras mujeres", serfan el precedente de poster(ores
actuaciones de vo\untariado sanitario, y el germen de otros movimientos de
participaci6n femenina en el escenario de la Vida pOlbllca. El problems
central de la nutrici6n de los nihos sin alimento materno potenci6 la
experimentaci6n y desarrollo de formas de lactanc\a artificial, y perm\tf6 la
transformaci6n de los objetivos mismos de las inclusas, abriendo el Camino
a numerosas instltuclones para\etas de as\steno\a a n\hos y madres
lactantes: servicfos de guarderfa infantil (como la creeds en 1870, la de los
nlhos de las tabaqueras de la Fabr\ca de Embajadores, ubicada en Una de
las Salas de Maternidad e Inclusa adyacentes), asilos de hijos de families
obreras, "Consu\torios de Lactantes y Gotas de Leche".... fnstituciones
todas e\\as a\ servicio de \a infancia que pueden y deben citarse como
expresiones embrionarias def modemo "Estado de\ Bienestar". La lactancia
mate'ma se vio estimu\ada a lo \argo de este proceso; pero inc\uso \a
\actancia mercenaria, encargada por las inclusas a nodrizas muy ma\
retribuidas (mSs de 30.000 mujeres dedicadas a este menester todos \os
af\os, en cua\quier momento def sigfo X\X), ayud6 como estrategia de
supervfvencia a madrea sofitariaa y a rnuchas familias pobres,
suminfstrando una importante corr\ente monetaria a \oca\\dades y comarcas
enteras.

LOG exp6sifos hicieron, por fin, Una aerie de contribuciones
eaenciales al desarro\\o de la medicine y la higiene infantil. Las inclusas
eran el 8mbito privilegiado de observacl6n de la pato\ogia de la infancia, y
\os exp6sitoa se convfrtieron de hecho, a\ menos desde mediadoa def siglo
Xviii, en objeto de experimentaci6n de medidas profifadices y de nuevos
m6todos de crianza: "Seran asf como ha dicho Marie-France More\- uti\es
a la denote; y au educaci6n, conducida por los medicos, servirS de mode\o
a las madras Que crian directamente a Sus hijos". Esta clam Que \os
incluseros no fueron por lo general \os ,Ibeneficiarlos directos de los
progresos Que Se obtuvieron de la experiencia secular con" fos problemas de
las inc\uses, si exceptuamos el caso de la morbiOdad por viruela, Que fue
sin dude en estos establecimientoa donde antes y de forma mSs completa
qued6 practicamente erradicada. (Pues en ellos se conserv6 y ap\ic6 a fos
nihos, antes Que a los otros, la vacuna de Jenner, Que Espaa extendi6 muy
pronto a Sus terrftorfos uftramarfnos, en la~ambiciosa expedici6n de Balmis
y Safvany, una gesta Que serla recordada luego por el poeta Manuel Joa6
Quintana, y Que ha sido reconocida como uno de loa primeros ejemp\os de
campaha sanftaria de alcance intemacional y "la mayor cruzada hist6rica de
la medicine preventlva". Para e\lo, embarcaron en 1803 en el puerto de La
Coruha a veintid6s exp6sitos gallegoa, a los Que se fue vacunando
sucesivamente, con el objeto de mantener activo el fluido vacuno durante la
travesla).

Asf pues y parad6jicamente, como dice Joan Sherwood, unas
instituciones como fas incfusas, "Que habian sido justarnente acusadas de
ser
un factor determ\nante de la mortalidad de muchos nihos, puede que
hayan desempehado un papel muy positivo en el desarrollo a largo plazo de
la atenci6n m6dica a la infancia". Y centros como la misma Inclusa
madrileha pueden citarse como "ejemplo en la transformaci6n de Una case
de exp6sitos en Una verdadera instituci6n pediatrica".

En todo caso, no cabe duda de que los 6xitos mas rotundos en la
lucha contra la mortalidad de los menores no se habrfan alcanzado, como
ocurrf6 desde finales def siglo XIX, si no se hub\era contado con la
.experfencia m6dica y asistencial que proporcion6 el tratamiento de los
p6sitos en \os tiempos anteriores. Por lo tanto, el sacrificio de los
exp6sitos, y los problemas qua su corta existencia origin6 en su entomo
social, no fueron del todo est6riles. Pues lograron cumplir, en ult\ma
instancia, los objetivos pragmaticos expuestos en \as procfamas del sig\o
XV\\\.. fina\mente, y por varias razones, los exp6sitos Si Que fueron "dB\es
a\ Estado"; y hasta es posible ca\ificarlos, en cierto modo, como "gloris de
la Naci6n".


A\ termino de estas pa\abras, temo Que quede eI regusto 8spero de
Una historia dura e lnc6moda para todos Vds. : \a historia de\ \ento y
si\encioso holocausto de varios mi\lones de criaturas en los 0\timos Casi
cinco siglos de nuestra historia. Quisiera agradecer a los historiadores e
historiadoras que se han dedicado aI estudio de \os exp6sitos en nuestro
pals, y cuya \ectura tanto me ha servido para redactar estas p69inas, su
dedicaci6n a una cuesti6n tan importante y no siempre valorada
suficientemente.Y en especial a la Academia, por haberse dignado aceptar
la exposici6n de un tema de esta nature\eza en una sesi6n tan solemne,
Que Se supone fest\Va para la Corporaci6n y especia\mente jubi\osa para el
Que les hab\a. Agradezco, por ello, sinceramente a \as Se8oras y Sehores
Academicos que en esta ocasi6n me hayan permitido hab\ar\es de esa
mu\titud de seres que nunca tuvieron voz propia, porque en la mayorfa de
\os casos -como dijo uno de Sus` principa\es abogados, Antonio 81\vao su
vivir n dur6 m8s "Que \o que se necesita de Vida para perder la Vida
mlsma

Y a todos Vds., Sehoras y Sehores, \es agradezco iambi6n la
atenci6n y la paciencia con la Que me han escuchado. Muchas gracias.

 COLECCION SEPARATAS_

La M dawana. El c6die famffia de Marr cos.
Abdelkrim Chakkor.

 En tornoal voluntariado.
Ana Torres Gonzalez-Zabaleta.


Manuel Gamez de la Liana.

 $alud mental y menores.
Isabel Montojo Negro.

 Niho, flu fusilf.
Susana Gancedo Palomo.


Guido Jim6nez AJvarado.

 $ynerqia
Jos6 Carlos Fernandez Mateo.

 Tutor\as-f::on adolescentes de pLotecci6n.
Luis A. Suarez.

 Inserci6n laboral de menores prQteqidos.
Manuel G6mez de la Liana y Rosa ME[ anrcia.

 lnserci6n Laboral de menores proteqidos
Manuel Gbmez de la LLana y Rosa M.s Garcia
 Alqunas reflexiones sQbre las drQqas.
Susana Garrido.

La "revuelta urbana" de lasse  undas   eneraciones de
 inmiqrantes maqrebfes en Francia.
Cecilia Eseverfi Mayer.

 Ref!exiones acerca de la disQapacidad en nuestra
 sociedad._
Chanta\ Eseverri Mayer y Lorena Alonso Tajuelo.
   

No hay comentarios:

Publicar un comentario